Uncategorized

e-book Entre el pasado y el presente (Silvia)

Descargar libre. Reserve el archivo PDF fácilmente para todos y todos los dispositivos. Puede descargar y leer en línea el archivo PDF Entre el pasado y el presente (Silvia) PDF Book solo si está registrado aquí. Y también puede descargar o leer en línea todos los archivos PDF de libros relacionados con el libro Entre el pasado y el presente (Silvia). Feliz lectura Entre el pasado y el presente (Silvia) Bookeveryone. Descargue el archivo Libro gratuito PDF Entre el pasado y el presente (Silvia) en la Biblioteca completa de PDF. Este libro tiene algunos formatos digitales como el libro de papel, ebook, kindle, epub, fb2 y otros formatos. Aquí está la biblioteca de libros CompletePDF. Es gratis registrarse aquí para obtener el archivo del libro PDF Entre el pasado y el presente (Silvia) Pocket Guide.

En primer lugar, Mercado demuestra que, contrariamente a la visión dominante en la literatura, Perón no fue solo un miembro importante del GOU Grupo de Oficiales Unidos , organización secreta dentro del ejército de filiación pronazi que promovió el golpe de Estado de , sino que fue su creador y artífice ideológico en las sombras. En este contexto, su posición como secretario de Trabajo no constituyó un rol menor, sino que permitió a Perón articular un movimiento obrero propio como medio central para brindar apoyo legitimante a su proyecto político personal de inspiración fascista.

Boulevard El pasado siempre está presente .pdf descargar Silvia Cruz - starimgospa

A pesar de la feroz represión a dichas manifestaciones, el Gobierno militar se vio jaqueado y obligado a realizar cambios. A partir de entonces comienza el mito del peronismo como la democracia del pueblo y para el pueblo. El relato peronista parece olvidar los años en los cuales Perón dispuso un congelamiento de salarios. Al respecto, en se firmó un acuerdo con la petrolera estadounidense Standard Oil, pero fue demasiado tarde para su implementación.

El descontento en algunos sectores de la sociedad ya era demasiado grande y Perón fue derrocado por un golpe militar en septiembre de ese año. El aporte de Mercado a la literatura crítica sobre el peronismo reside en su énfasis en el cinismo y la racionalidad instrumental de Perón en la consecución de su proyecto de poder personal. Ernesto R. Cahiers des Amériques latines. Sommaire - Document précédent. El triunfo popular del 17 de octubre, con la huida de Snchez de Lozada y sus colaboradores, demostr que la masacre preventiva ha tocado tambin sus lmites como mtodo de gobierno.

Sin embargo, la intervencin abierta de los EE. Estas polticas convirtieron al oriente en el espejismo de una productividad y sustentabilidad imaginarias, que ahora se desmorona en una crisis sin precedentes. La ilusin campesina y estatal de una fertilidad inagotable de la selva se estrell contra la dura realidad de suelos inestables, con poco humus, qu desforestados sucumban rpidamente a la erosin. Ciertamente, la coca fue el cultivo estabilizador en este proceso de crisis agroecolgica y social desatado por las polticas desarrollistas de los aos 60 y mafiosas de los se trata de una planta semipermanente, que produce regularmente an en tierras agotadas y rinde hasta cuatro cosechas anuales.

Y hoy, adems de ser medicina indgena y hbito de consumo popular recreativo en las ciudades y pueblos de todo el pas, tanto como del exterior 11 , la hoja es insumo en disputa por las grandes corporaciones del mercado mundial: las mafias de la cocana y la Coca-Cola Company, nicas formas pretendidamente modernas e.

RIVERA CUSICANQUI Silvia - Mirando Al Pasado Para Caminar Por El Presente y El Futuro (2003)

Frente a esta [30] modernidad mafiosa y corporativa, se alza la lucha por nuestra modernidad cfr. Chatterjee fundada en la estructuracin orgnica de circuitos de mercado interior, en la articulacin entre el mercado y la reciprocidad, en el surgimiento de una ciudadana chola e indgena, que gana espacios econmicos y polticos a pesar del Estado cfr. Lazar a contrapelo de los arcasmos seoriales y de la ceguera y sordera de las castas secularmente dominantes. La situacin actual condensa por ello una compleja sntesis de mltiples contradicciones y determinaciones histricas, y su anlisis requerira de la escritura de otro libro.


  • Mi vecino de abajo (Kindle) (Barco de Vapor Naranja nº 213).
  • El día después de la muerte: Una razonable respuesta sobre lo que acontece después de la muerte.
  • Las guerras de Artemisa?

Sin embargo, considero que el ciclo abierto en los aos , e incluso antes, en la dcada de los aos 50, parece haber llegado a su fin. Todas las promesas liberales abiertas con la revolucin del 52 la de la ciudadana plena de indios y mujeres, la de la soberana econmica y el autoabastecimiento de bienes bsicos han mostrado sus fisuras y falacias hasta dejar al desnudo la estructura colonial que sustenta al Estado boliviano cfr. Rivera a. Esto fue lo que la movilizacin katarista-indianista de los aos 70 revel por primera vez con toda claridad.

El ajuste estructural y el desmantelamiento de las bases productivas agrcola e industrial aadi elementos nuevos a esta matriz de larga duracin y. Despus de dcadas en que pareca triunfar la fragmentacin, la ONGizacin, el prebendalismo estatal y las estrategias divisionistas ms diversas para neutralizar al movimiento indgena y popular, vuelven a la superficie concepciones que ya estaban en, pie en el movimiento de caciques apoderados de los aos la nocin de que suelo, subsuelo y sobre suelo forman una sola entidad territorial, y son patrimonio colectivo de ayllus, markas y comunidades productivas; la visin del territorio como jurisdiccin y espacio de ejercicio del poder poltico, la necesidad de articular las diferencias en una propuesta inclusiva y autnticamente pluralista de renovacin de Bolivia, en la qu gobernar no se reduzca a administrar las decisiones externas, y en la que el espacio pblico y el poder poltico no sean ya el monopolio de una casta corrupta, ventrlocua y autoritaria.

FX, Character and Fantasy Makeup

Pero los espacios de frontera agrcola son tan slo el ltimo acto de un drama que comenz hace dcadas y an siglos: una suerte de callejn sin salida en el largo itinerario de esperanzas campesino-indgenas puestas en el mercado, en el desarrollo, en la democracia y en la idea de Bolivia como un horizonte de pertenencia nacional y de ejercicio de derechos.

Como ya se dijo, en la dcada de los 80 se destruyen estas ilusiones al triunfar sobre ellas una idea excluyente de modernidad y de nacin, de labios de lites que continan siendo arcaicas, pero que despliegan frente a las poblaciones indgenas una retrica postmodernista a medias aprendida, que a pesar de su insustancialidad les permite apropiarse momentneamente de la identidad del otro y desposeerlo como sujeto de su propia autorepresentacin poltica Esta estrategia se est agrietando por fin y comienza a resquebrajarse con ella todo el entramado de mediaciones clientelares y prebendales que han tendido el Estado y las ONGs para neutralizar a los movimientos indgenas.

Una revisin somera de las movilizaciones del campesinado indio en los aos , nos muestra que han tenido como ejes fundamentales a la ciudadana y al mercado. Pero la primera no era concebida como un paquete cultural basado en la homogeneizacin cultural, sino como estatuto social de persona, con capacidad de ejercer derechos colectivos e individuales, incluido el derecho a la diferencia.

De otro lado, la lucha frente a mercados colonialmente segmentados fue tambin central a estas movilizaciones, con su demanda de precios justos y equidad en el intercambio entre productos industriales y agrcolas. Estas demandas aluden directamente a los procesos de modernizacin y nacionalizacin ideolgicas, que se plasman en Bolivia durante la conflictiva experiencia de recuperacin e institucionalizacin de la democracia. Entre los actores protagnicos de estos procesos se encuentra el campesinado indgena, que junto con los trabajadores asalariados aglutinados en la COB y formando parte de un abanico de clases subalternas, interviene activamente en.

Puede decirse [32] que en estos episodios cristaliza entonces una confrontacin ideolgica y poltica de largo alcance: mientras el campesinado indgena manifiesta en su prctica una visin alternativa de nacin y el anhelo de una democratizacin ms profunda cf.

'+_.F(b)+"

Mallon , las lites han logrado escamotear estas demandas, mediante acciones culturalistas y asistenciales hacia las poblaciones indgenas, desprovistas de un reconocimiento paralelo a su condicin como sujeto-social-poltico, protagonista fundamental del mercado y de la democracia.

La presentacin detallada de la historia de estas relaciones nos ha mostrado los formidables obstculos que la estructura colonial de Bolivia opone a la ciudadana del campesinado indgena, tanto en la construccin de su sistema poltico como en la organizacin desigual, segmentada y no- libre del mercado. Las demandas y frustraciones campesinas de los ltimos veinte aos tienen como teln de fondo a tenaces procesos de erosin de la ciudadana, degradacin de la base de recursos y deterioro indito en los trminos de intercambio rural-urbanos. De otro lado, mientras los movimientos han vivido un largo perodo de fragmentacin, las lites reformistas han buscado rearticularse apropindose de los discursos de reivindicacin tnica de los movimientos sociales indgenas.

No obstante, hoy la intervencin de las lites en los discursos de la etnicidad estn completamente atados al diseo imperial, que consiste en convertir a la mayora indgena y chola de Bolivia, en minora esencializada y ornamental. Frente a la emergencia katarista-indianista de los aos 80, al igual que frente a las movilizaciones cocaleras y aymaras del , se ha desplegado un movimiento ideolgico envolvente, que hace del reconocimiento de la heterogeneidad cultural un mecanismo encubridor de prcticas de exclusin ms sutiles e implacables.

Silvia Umpiérrez

El funcionamiento de formas de estratificacin coloniales en los mercados de bienes, en los mercados laborales y en todo el sistema de retribuciones a los saberes y capacidades reconocido por la sociedad, no ha hecho sino [33] ampliar la brecha entre dos Bolivias, que subyacen polarizadas, por debajo del delgado maquillaje pluralista, que se lava ante el primer amago de protesta popular.

As, la ilusin ciudadana estalla en pedazos cuando el Estado se desnuda de su retrica y vuelve a emplear el lenguaje sin mediaciones de la violencia represiva. Las masacres preventivas que han caracterizado a la etapa oligrquica pre se reeditan nuevamente en Tolata, Epizana y Melga en enero de , en El Alto y las laderas de La Paz en Todos Santos de , en Amayapampa y Capacirca en navidad de , en Cochabamba y el Altiplano en abril y septiembre del , en Warisata en septiembre y en El Alto y La Paz en octubre del , as como con la cotidiana y persistente violacin de derechos humanos en el Chapare y los Yungas.

Y eso que no mencionamos las cifras; de la muerte por hambre, desnutricin, desesperacin y pobreza, ni la huda de cientos de miles de compatriotas lo ms lejos posible de la tierra que los vio nacer. Todo ello nos revela con elocuencia lo que anida detrs del maquillaje reformista: una propuesta exotizante y empequeecedora de las poblaciones indgenas, una inclusin Reforma preventiva y masacre preventiva son entonces los dos mecanismos de neutralizacin que se utilizan por turno, y ambos tienen como finalidad ltima la disgregacin poltica de las poblaciones subalternas y el escamoteo radical de sus demandas de equidad, dignidad y participacin plena en las decisiones polticas y en el espacio pblico.

En lo que sigue, volver sobre este doble nexo entre campesinado indgena y procesos poltico-ideolgicos nacionales: la articulacin mercantil, que sale a la luz en la movilizacin del campesinado qhichwa hablante de Cochabamba, y la exclusin del sistema poltico, que es el eje de la movilizacin aymara. Ambos procesos se inscriben tambin de modo oblicuo en las propuestas del MAS y del MIP, pero sobre todo florecen en la red de sindicatos, organizaciones vecinales y autoridades tnicas que conducen desde la base las movilizaciones de los aos y , dndoles una fisonoma ms compleja, radical y abigarrada.

El anlisis que sigue mostrar un itinerario de esperanzas y demandas campesinas en torno a la participacin poltica y la equidad econmica, que resultan primero brutalmente negadas, para luego intentar ser cooptadas o [34] subordinadas en proyectos de autorenovacin poltica de las lites, con las que se busca reforzar la subalternidad de los propios sujetos que las incubaron. En la base de estos fenmenos est la disgregacin y la rearticulacin poltica del campesinado-indgena, que corre paralela a la crisis de la democracia y a la llegada al lmite de los procesos del ajuste y la globalizacin.

Buscar en el Blog

Pero lejos de suponer un nexo mecnico entre ambos, mi intencin fue la de mostrar los altibajos de proceso, las oportunidades perdidas y los cruces de caminos que dieron lugar a la reproduccin de una cultura poltica profundamente excluyente y urbanocntrica, aunque adornada de una retrica donde las huellas de las culturas populares y rurales aparecen como un espejismo, en la algaraba de las fiestas y rituales populares que seducen a las lites, o en el espanto que provocan esos mismos actos, cuando ritualizan la protesta y se ponen en acto lgicas indgenas en los bloqueos y movilizaciones populares.

El concepto de disgregacin poltica ha sido tomado de un trabajo de J orge Dandler, que se dedica a analizar la champa guerra de las postrimeras del primer MNR Dandler En muchos sentidos, considero que la situacin poltica vivida en los aos 90 es similar a la coyuntura de en el valle alto de Cochabamba, cuando la eclosin de conflictos faccionalistas en el movimiento campesino llev a su subordinacin pasiva al Estado de y a su conversin en uno de los sustentos del nuevo Estado autoritario, a travs del Pacto Militar Campesino.

En los aos 90, luego de un ingreso motu proprio a las lides democrticas, las diversas organizaciones del campesinado andino y de los pueblos indgenas del oriente parecan polarizadas en dos corrientes: la de aceptar una ciudadana de segunda y un esquema subalterno de acceso a la esfera poltica, a contrapelo de su propio itinerario de confrontaciones y demandas hacia el Estado y la sociedad, o la de articular su propia fuerza poltica en un proceso de autodeterminacin, que terminar por confrontar al pas todo con el dominio colonial del Imperio y sus corporaciones.

Haba dicho que tanto el mas como el MIP consiguen a ratos encarnar esta autodeterminacin, aun si de modo oblicuo, porque mirando su estructura interna no son en realidad partidos, sino Por ello es que no pueden soslayar su nexo con las bases, ni la necesidad de encontrarse con la fuerza autodeterminativa de sus movilizaciones, que emana de esas microredes de poderes locales entretejidos [35] que son las jilaqaturas y sindicatos rurales, los comits de bloqueo y las juntas de barrio, los gremios y asociaciones que reticulan el espacio nacional en una densa red oral de ideologas y consignas compartidas, donde la comunidad-mapa visin de los varones se amarra con la comunidad-tejido visin de las mujeres y se genera una nueva praxis de produccin y circulacin de saberes prcticos y productivos tanto como ticos y organizativos.

En lo que sigue, destacar los temas recurrentes qu organizan las demandas del campesinado indgena contemporneo, tanto como las formas de su expresin poltica, intentando descubrir sus nexos y disyunciones con el proceso de reformas estatales, hoy en proceso de crisis terminal. Segn estimaciones realizadas por Xavier Alb, con base en el censo de , de un total de 6.


  • Nueve meses un legado (Bianca).
  • Reconocida socióloga latinoamericana dictará un curso de posgrado en la UNCUYO - UNIDIVERSIDAD;
  • Desde la otra Orilla.
  • Silvia D. Mercado, El relato peronista: porque la única verdad no siempre es la realidad!

Si traducimos estas cifras a porcentajes, excluyendo a un 6. Esto hace de Bolivia el segundo pas ms indgena de Amrica, despus de Guatemala, y uno de los dos casos continentales [36] donde la etnicidad puede ser considerada un rasgo de la mayora y no una cuestin de minoras. Aunque por lo general la etnicidad en los pases latinoamericanos es un fenmeno reconocido tan slo para el mbito rural, en Bolivia la poblacin urbana hablante de lenguas nativas es notoriamente alta. Si analizamos las proporciones de hablantes As, Chuquisaca y Potos muestran los ndices ms bajos de desarrollo humano 0.

En Chuquisaca, un Si el departamento de La Paz Para , las monolinges castellano hablantes haban ascendido al Las personas hablantes de idiomas nativos seguan siendo la mayora, pero entre ellas, el monolingismo haba disminuido tambin: del En cambio, las bilinges castellano ms idioma nativo haban aumentado, de un El monolingismo en idioma nativo era mucho ms frecuente entre las mujeres, mostrando un claro impacto [37] diferencial de la escuela castellanizante que se impuso tras la Reforma Educativa de El bilingismo ha sido alimentado por dos vertientes: la accin de casi 40 aos de escuela en el campo y la migracin rural-urbana, otro fenmeno saliente del perodo En ; el En , la proporcin urbana haba crecido al Sin embargo, tanto el bilingismo como la doble residencia rural-urbana ponen un matiz importante a estas cifras.

El hablar una lengua indgena no quiere decir autoreconocerse como indgena, y es innegable que estos porcentajes globales esconden un proceso ms complejo de estratificacin socio-cultural, donde el papel de los estratos mixtos el mundo cholo-misti es de innegable importancia, tanto en lo poltico como en lo cultural.

De hecho, una parte de la poblacin urbana bilinge funciona econmica y socialmente como enlace entre el campo y la ciudad. Desde un punto de mira opuesto, las comunidades indgenas rurales viven un proceso de despoblamiento que afecta diferencialmente a los sexos y a la estructura etrea de la poblacin.

En ciertas regiones, la emigracin selectiva de jvenes adultos deja en manos de las mujeres y adultos mayores el grueso de las tareas productivas y reproductivas que requiere la unidad rural. Ciertamente, la parentela en la ciudad aportar tambin con bienes de consumo a sus familias y las apoyar en los ciclos de mayor demanda laboral.

Sin embargo, el signo y magnitud de la migracin afectarn enormemente las posibilidades de reproduccin de las unidades productivas rurales, generando una serie de cambios En el caso del altiplano, un cierto nmero de unidades campesinas ha logrado estabilizar un modo de vida anfibio, que tiene en las ciudades una suerte de piso ecolgico adicional en una estrategia diversificada de autoempleo Alb et al. Datos recogidos por van Niekerk muestran que los departamentos andinos sufren una prdida neta de poblacin rural, de entre Van Niekerk nos muestra tambin los profundos impactos productivos de estos cambios en las reas andinas tradicionales.

El sector agropecuario habra experimentado un fuerte crecimiento entre , y luego una declinacin permanente, hasta los aos Incluso, debido a la sequa e inundaciones de , en el perodo la agricultura habra experimentado tasas de crecimiento negativas Sin embargo, van Niekerk olvida decir que este crecimiento contribuye muy poco a la seguridad alimentara interna, pues se orienta fundamentalmente a la exportacin.

El autoabastecimiento alimentario sera pues, una de las metas truncas y de las promesas falaces de las reformas estatales de los aos 50 y del proceso desarrollista y modernizador que le sigui ver Rivera a , y este es quizs uno de los aspectos ms crticos de nuestra vulnerabilidad como pas ante la dominacin colonial externa. La situacin de opresin socio-cultural, las disparidades espaciales y las profundas brechas en calidad de vida nos hablan de una Bolivia polarizada, que en uno de los extremos concentra pobreza y exclusin para la mayora, y en el otro concentra poder y riqueza para una minora.

Los casos de Cochabamba y La Paz nos mostrarn cmo operan y ser reproducen estas La aparicin de una nueva clase rural de piqueros o pequeos productores mercantiles, puede trazarse hasta el siglo XVIII, entre la poblacin de colonos, inquilinos o arrendatarios de las haciendas seoriales de los valles bajo y alto. Este campesinado qhichwa hablante vio tempranamente disgregarse las formas de tenencia comunal de la tierra y comenz a utilizar sus recursos en el mercado para enfrentar las onerosas presiones fiscales y privadas que pesaban sobre su economa.

A pesar de todo, sta result competitiva frente a la produccin de chcaras y haciendas espaolas en el abastecimiento al mercado minero, gracias a sus mltiples estrategias laborales y de parentesco, que le permitan un ir y venir entre su economa familiar y comunal asentada en la reciprocidad, y la economa mercantil regional e interregional articulada en torno al eje minero Larson Ya en el siglo XVII segn nos lo ha mostrado Barragn para el caso de Mizque lo que quedaba de los antiguos ayllus y parcialidades indgenas result funcional tambin, aunque de [40] un modo indito, a la expansin del mercado interno colonial, al ser la base de un modelo comunal de mercantilismo agrario que permita a las unidades campesinas de los valles realizar colectivamente sus productos y cubrir con sus excedentes la creciente presin fiscal Barragn Otro argumento que se esgrime con frecuencia a favor de la hiptesis de un armonioso mestizaje cochabambino, es la de una mayor heterogeneidad y movilidad tanto geogrfica como social de su poblacin rural.

Tanto en los siglos coloniales como en nuestros das, la unidad domstica rural y sus redes de parentesco y vecindad parecen ser el eje de la capacidad de sobrevivencia campesina frente a estas presiones, con sus estrategias multicclicas de aprovechamiento mximo de los recursos y la fuerza de trabajo disponibles.

Este fenmeno coloca en primer plano a las mujeres, cuya labor productiva, familiar y social les permita la canalizacin de circuitos de reciprocidad y trabajo no remunerado hacia el mercado, en una estrategia a la vez especializada y diversificada de comercio de granos, harinas, chicha, bayetas y fuerza de trabajo. Esta situacin, a grandes rasgos, se ha mantenido vigente hasta. En el resto de las intendencias los mestizos ocupan este estrado intermedio de campesinos y tributarios, que estaban sujetos a una menor carga fiscal directa, pero pagaban en cambio muchos otros impuestos.