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Leer e-book Libertad Para Tu Alma: Un viaje hacia tu interior (Primera Edición nº 1)

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Yo también tenía todo lo que supuestamente debe tener una persona feliz … Un trabajo de maestra funcionaria que, por cierto, me apasionaba , cobraba 14 pagas de 1. Mi vida no me llenaba del todo. Me faltaba lo esencial: vivir alineada con los deseos de mi alma. Ser yo, y solo yo, sintiéndome dueña de mi propia vida.

Esto es posible si sabes cómo hacerlo y tienes las herramientas adecuadas.

“Meditaciones”, la guía para bien vivir

Ellos no son el problema de por qué las cosas no te van como tu quisieras. El nirvana existe y se alcanza encontrando tu verdad y transitando el camino del despertar espiritual. Una guía completa para el despertar espiritual y crear la vida que deseas escuchando los mensajes de tu alma. Comprar en España. Comprar en Europa. Comprar en Resto del mundo. Ten claro esto. Te vas sumergir en un proceso de transformación profunda a nivel personal y espiritual. Mes 3: Renacimiento de tu nuevo ser mientras avanzas en el camino del despertar espiritual Después de toda muerte, llega el renacimiento.

Mes 5: Creación de un nuevo sistema de creencias y diseño de tu nueva vida Tus creencias determinan por completo tu vida. Esta mentoría es para ti si…. Esta mentoría NO es para ti si…. No quiero que te quedes fuera por cuestiones económicas. Por ello, he querido facilitarte diferentes opciones de pago:. Elige la modalidad que prefieres:.

Yo todavía no he encontrado una inversión mejor. Entre ellos, los policías de la raza Sikh, todos igualmente barbudos y gigantescos. El malayo originario escasea. Ha sido desplazado del oficio noble, y es humilde coolie, infeliz ricksha man. Todo tiene un aire corroído, patinado de viejas humedades. Los materiales han sido maleados por el fuego y el agua, por el sol blanco de mediodía, por la lluvia ecuatorial, corta y violenta, como un don otorgado de mala gana. El auto corre por espacio de una hora el camino recién abierto entre la jungla. No hay un hueco, todo lo cubre el follaje violentamente verde, el tronquerío durísimo.

Los travellertrees en forma de abanico. Pero lo extraordinario es una venta de fieras que he visto en Singapur. Los tigres se revuelven en una furia espantosa. No son los viejos tigres de los circos de fieras, tienen otra apostura, diverso color. Los pequeños elefantes, soñolientan en una atmósfera de chiquero; las panteras hacen relumbrar los discos de oro desde el pellejo de azabache.

Cuatro cachorros de tigre valen dos mil dólares; y mil una serpiente pitón de doce metros, vestida de gris. Orangutanes ladrillosos asaltan con furia la pared de la jaula, los osos de Malasia juegan con aire infantil.

Y sin objeto. De toda esta península —no en flor, sino en frutos—emana un consistente aroma, una tenaz impregnación de costumbre. Es en el Este, un descanso esa región semi-occidentalizada; hay allí un olor de café caliente, una temperatura suave como piel femenina, y en la naturaleza, cierta vocación paradisíaca. El opio que se vende en cada esquina, el cohete chino que suena como una balaza, el restaurant francés lleno de risas, ensaladas y vino tinto, hacen de Saigón una ciudad de sangre mestiza, de atracción turbadora.

Pero aquello cambia con violencia en los primeros días de navegar el mar de la China. Se cruza bajo una implacable constelación de hielo, un terrible frío rasca los huesos. Ese desembarco en Kowloon, bajo una llovizna pétrea, tiene algo de acontecimiento, algo de expedición en un país esquimal. Los pasajeros tiritan entre sus bufandas, y los coolíes que desembarcan los equipajes visten extraordinariamente macfarlanes de arpillera y paja.

Las luces de Hong Kong tiemblan, colocadas en su teatro de cerros. Pero, algo resuena al borde mismo de las aguas del canal, y es Hong Kong vasto, oscuro y brillando como una ballena recién cazada, lleno de ruidos, de respiraciones misteriosas, de silbatos increíbles. Todos los pasajeros del barco en que viajo descienden en Shangai, como fin de viaje. Vienen de Noruega, de la Martinica, de Mendoza. En ellos, es decir, en la selva de telas colgantes que adornan el exterior de los bazares, se encuentran a cada paso el león de seda y el loto de jade, el vestido del mandarín y la pipa de los soñadores.

Estas callejas repletas de multitud, hechas de un gentío compacto, parecen la ruta de un solo gran animal vivo, de un dragón chillón, lento y largo. Dentro del límite de las concesiones, el Bund o City bancaria se extiende a la orilla del río; y a menos de cincuenta metros, los grandes barcos de guerra ingleses, americanos, franceses, parecen sentados en el agua, bajos y grises de silueta.

Estas presencias severas y amenazantes imponen la seguridad sobre el gran puerto. Las puertas de hierro que cada noche cierran la entrada de las Concesiones parecen demasiado débiles ante una avalancha desencadenada.

El coolie de Shangai toma ante el blanco un aire de definida insolencia: su ferocidad mongólica le pide alimento en este tiempo de ferocidad y sangre. Sin embargo, Shangai excepción a la obscura vida colonial.

6 meses de crecimiento e introspección que marcarán el resto de tu vida

Su vida numerosa se ha llenado de placeres; en Extremo Oriente marca el mismo solsticio del cabaret y la ruleta. A pesar, yo hallo cierta tristeza en estos sitios nocturnos de Shangai. La misma monótona clientela de soldados y marineros. Dancings en que las piernas bombachas del marino internacional se pegan obligatoriamente a las faldas de la rusa aventurera. Pero, como inquebrantable recurso de lo pintoresco, hay la calle, el sorpresivo, magnético arroyo del Asia. Vehículos, vestuarios, todo parece revuelto entre los maravillosos dedos del absurdo.

Frailes taoístas, mendicantes budistas, vendedores de cestos, repartidores de comidas, juglares, adivinos, casas de placer o Jardines de Té, dentistas ambulantes, y también, el palanquín señorial transportando a bellas, de dientes que sonríen. Lo conocí de leyenda, lo conocí, luego, de vista y, al fin, de profundidad. Como no me sorprende de que una mujer joven tenga hijos, que un objeto dé sombra.

La sombra de Winter era mortal, su predilección iba enlutada, era un auténtico convidado de fantasmas, Winter.

Viajes y viajeros por la Espana del sigio XIX

Llegó al Sur a contrastar, a una tierra de mestizos revoltosos, de colonos oscuros, a un semillero de indios sin ley. Allí vivió don Augusto, delicado, envejeciendo. Cuando el mal tiempo se desamarra por allí, las aguas parecen parientes del demonio, y las del río, las del mar, las del cielo, se acoplan, bramando.

País abandonado en que hasta las cartas llegan sin frescura, ajadas por las distancias, y en que los corazones se petrifican y alteran. A mí —hace tantos años— me parecía misterioso ese caballero, y su luto, y su aspecto de gran pesar. Yo espié sus paseos de la tarde en que, paso a paso por la orilla de un mundo amortecido, miraba como para adentro, como para recorrer sus propias extensiones.